Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres. Deuteronomio 4:29-31.

¿Has estado alguna vez tan lejos de Dios que sentiste que era imposible ya desandar el camino? ¿Te has sentido tan perdido que te parecía que ya no habla remedio para ti, que Dios no podía escucharte, ni recibirte ni aceptarte; que fuiste más allá de toda posibilidad de perdón, limpieza y ayuda; que estabas más allá de la salvación?

Es posible que en algún momento de tu vida te hayas alejado de Dios, creyendo que podías ser más feliz andando en tus propios caminos. Quizá sentiste que vivir de acuerdo con la voluntad de Dios era reprimir, cercenar tu libertad. Y entonces elegiste otros “dioses” a los cuales servir: las drogas, el alcohol, la promiscuidad, el crimen; o simplemente, sin caer en pecados tan groseros, preferiste el camino de la autonomía, de la independencia de Dios, de la rebelión. Vivir de manera secularizada, sin las “limitaciones” de la religión.

Pero ahora te das cuenta de que eres esclavo de los vicios, de la inmoralidad, del pecado, de la angustia, el vacío o la depresión.

Si es así, el texto de reflexión para hoy te revela lo que hay en el corazón de Dios; lo que siente por ti. Y te dice que Dios es misericordioso, que no desea abandonarte ni destruirte, sino que quiere recibirte y salvarte, y que no se ha olvidado de las promesas que ha hecho en el evangelio, del pacto que ha concertado contigo en la Cruz.

No vaciles; acércate a Dios. Búscalo con todo tu corazón y con toda tu alma. No pienses que primero debes ordenar tu vida y tu conducta para presentarte “perfecto” delante de él, para que entonces Dios pueda recibirte. Dios te dice que “desde allí”, desde la situación moral y espiritual en la que te encuentres y te hayas colocado voluntariamente, si lo buscas, lo hallarás, y restaurará tu vida y tu relación con él.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie






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